martes, 28 de marzo de 2017

FRANZ MAYER | Camino Andado: Mario Martínez del Campo


Todas las creaciones de Mario Martínez guardan una misma esencia, desde sus dibujos que acompañan sus esculturas, sus pinturas, el arte objeto y orfebrería que diseña. Tiene una manera muy particular de geometrizar las formas vivas-orgánicas, puede ser polémico con respecto a si te gusta o no, pero siempre mantiene el mismo lenguaje. Lo que me gustó en general de su obra son los contrastes que maneja de materiales, por una parte lo cálido de la madera y por otra lo frío de la plata, también un contraste que percibí es que en sus creaciones donde involucra animales, por más estilizados y geometrizados que estén, los ojos siempre serán realistas. Pude apreciar su gusto por los animales en especial por las aves, los caballos, los peces y los monos. De sus obras en particular me gustó “el pelícano” porque su nivel de interpretación en cuanto a la forma y a su deformación es armónica y los contrastes resaltan la figura; también todas sus obras que involucraban la deformación de instrumentos se me hicieron muy atractivas. Lo que no me gustó en general de su trabajo fue el hecho de no ver una evolución, de no saber cuál fue el camino de su inspiración. De pronto observaba una obra que me parecía muy explorativa y la fecha de creación era reciente, también vi que uno de sus mejores trabajos los realizó en la década de los 90´s. No sentí una congruencia.


La obra de Mario es para mí un referente  del pensamiento artístico mexicano, sin embargo en general  su trabajo no es algo que me motive a explorar su camino. Siento que le hace falta  una nota a mayor  a sus  creaciones, siento que sus obras son muy creativas pero que sigue encerrado en un esquema y lo que nos quiere comunicar se pierde  y divaga. Sin embargo rescato mucho la calidad artística con la que nos presenta su trabajo, eso es algo cuantificable que podemos tomar como inspiración.

miércoles, 1 de marzo de 2017

FRANZ MAYER | Premio Clara Porset


Es lamentable que un concurso que rinda tributo a Clara y al trabajo de las diseñadoras de nuestro país se  encuentre en polémica. Yo conocí la gran mayoría de los trabajos  académicos que se presentaron por parte del CIDI, y siendo objetivo pues es eso, son trabajos académicos que cumplen los requerimientos específicos de un tema y objetivo  de aprendizaje. Sin embargo me resulta cuestionable el porque apenas pasa esto, siendo que cuando menos a mí me consta de  los tres años anteriores haber proyectos con éstas mismas características de “trabajo académico” y ser premiados, ¿qué pasó en esta edición?.

A pesar de estas irregularidades observé dos proyectos que para mí merecían ser premiados tomando como referencia la filosofía del concurso. Coincidentemente estos proyectos no son de alumnas del CIDI. Uno es un instrumento  que facilita la cirugía del pie plano Valgo y que presenta una innovación en el área médica, el segundo es un trompo impreso en 3d que permite  el inserto de patrones tejidos, permitiendo una identificación cultural con México. Éstos  proyectos  aportan algo más que el ser un objeto-producto meramente estético. 

Los problemas que implica una situación como la que se dio en el pasado concurso no sólo es negativo para nuestras amigas, compañeras y colegas que participan, sino para todo el entorno del diseño en nuestro país. Tenemos que replantear desde nuestras escuelas qué estamos haciendo, a quiénes vamos a beneficiar con nuestro trabajo, y a dónde queremos llegar con ello.  Ser objetivos con con nuestras  habilidades y debilidades. Ser objetivos con la situación en la que se encuentra el país, porque una de las razones que motivó la deserción de las categorías fue ver proyectos que no eran congruentes con el contexto mexicano. Nosotros como alumnos, ¿qué podemos hacer si nos hemos pasado más de la mitad de la carrera dentro de la burbuja académica?, y nunca hemos salido de ella; nuestros proyectos caerán en lo utópico e irreal.