Es lamentable que un concurso que
rinda tributo a Clara y al trabajo de las diseñadoras de nuestro país se encuentre en polémica. Yo conocí la gran
mayoría de los trabajos académicos que
se presentaron por parte del CIDI, y siendo objetivo pues es eso, son trabajos
académicos que cumplen los requerimientos específicos de un tema y
objetivo de aprendizaje. Sin embargo me
resulta cuestionable el porque apenas pasa esto, siendo que cuando menos a mí
me consta de los tres años anteriores
haber proyectos con éstas mismas características de “trabajo académico” y ser
premiados, ¿qué pasó en esta edición?.
A pesar de estas irregularidades
observé dos proyectos que para mí merecían ser premiados tomando como
referencia la filosofía del concurso. Coincidentemente estos proyectos no son
de alumnas del CIDI. Uno es un instrumento
que facilita la cirugía del pie plano Valgo y que presenta una
innovación en el área médica, el segundo es un trompo impreso en 3d que
permite el inserto de patrones tejidos, permitiendo
una identificación cultural con México. Éstos proyectos aportan algo más que el ser un
objeto-producto meramente estético.
Los problemas que implica una
situación como la que se dio en el pasado concurso no sólo es negativo para nuestras
amigas, compañeras y colegas que participan, sino para todo el entorno del
diseño en nuestro país. Tenemos que replantear desde nuestras escuelas qué
estamos haciendo, a quiénes vamos a beneficiar con nuestro trabajo, y a dónde
queremos llegar con ello. Ser objetivos
con con nuestras habilidades y
debilidades. Ser objetivos con la situación en la
que
se encuentra el país, porque una de las razones que motivó la deserción de las
categorías fue ver proyectos que no eran congruentes con el contexto mexicano.
Nosotros como alumnos, ¿qué podemos hacer si nos hemos pasado más de la mitad de la carrera dentro de la burbuja académica?, y nunca hemos salido de ella; nuestros proyectos
caerán en lo utópico e irreal.

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